11 de febrero de 2012

La cruz de Alcoraz

AMBIÉN llamada "Armes Daragó", la cruz de Alcoraz es una señal heráldica territorial que representaba las armas del Reino de Aragón, en contraposición a la señal real, que representaba al linaje de los reyes. Explica la leyenda que en 1096, durante la batalla de Alcoraz, donde combatieron por una parte, el Reino de Aragón, con Pedro I al frente, junto con su hermano, el futuro Alfonso I de Aragón y por otra parte, el Rey moro de Zaragoza al-Mustain con su aliado  riojano, el conde García Ordoñez y el castellano García de Cabrera, se aparició San Jorge cuando parecía que la batalla se decantaba por el bando islam-castellano, ayudando en la victoria al bando cristiano.

El origen de la cruz de Alcoraz data del año 1280 y pueden observarse por primera vez en 1281 en una bula de plomo de Pedro III "el Grande" (CAT Pere II "el Gran").

Una cara de la bula de 1281 con la cruz de Alcoraz.

La cruz de Alcoraz es una cruz de San Jorge, acostada de cuatro cabezas de moro. Pedro IV "el Cerimonioso" (CAT Pere III "el Cerimoniós") promovió una nueva ordenación en cuanto a la simbología se trataba. En una ordenación de 1344 describe la bula de plomo de la siguiente forma:
En la bulla deu ésser d'una part ymage reyal, la qual sega sobre cadira, en la man dreta sceptre, e en la sinistra pom reyal tenga, e de mantell reyal vestida e de corona reyal en lo cap decorada, e entorn letres nostre propi nom ab títol de nostre regne d'Aragó e alscuns altres ab aquell contenens; e de l'altra part, un escut en lo qual sien les armes d'Aragó, que són aytals: una creu per mig del scut, e a cascun carté un cap de sarray. En torn, emperò, sien letres les quals esprimen tots altres títols de regnes e de comtats romanents.
Intentaré más o menos traducir el texto en catalán antiguo, la lengua de los reyes de Aragón en aquel entonces, manteniendo esa curiosa estructura:
En la bula debe ser una parte imagen real, la cual senterá sobre silla, en la mano derecha cetro, y en la izquierda pomo real tenga, y de manto real vestida y de corona real en la cabeza decorada, y entorno letras nuestro propio nombre con título de nuestro reino de Aragón y algunos otros que aquel contiene; y de la otra parte, un escudo en el cual son las armas de Aragón, que son tales: una cruz por medio del escudo, y a cada cantón una cabeza de sarraceno. En torno, pero, sin letras las cuales esprimen todos otros títulos de reinos y de condados permanecientes.
Como decía antes, básicamente he traducido las palabras, sin tocar estructura gramatical para dejar ese olorcillo a texto antiguo. Si algún historiador lee esto, por favor, que me perdone.

La descripción heráldica de la Cruz de Alcoraz es la que acompaña:
De plata, cruz de gules cantonada por cuatro cabezas de moro de sable tortilladas de plata.
Cruz de Alcoraz. De plata, cruz de gules cantonada por cuatro cabezas de moro de sable tortilladas de plata.
Según el historiador aragonés Guillermo Redondo, el escudo representa el espíritu de cruzada vencedora sobre el Islam.

En 1450, en un cuaderno donde apuntaban las recaudaciones, llamado "libro de conto", de la Generalitat aparece la Cruz de Alcoraz, junto al antiguo escudo de Aragón, la cruz de Arista, por debajo del jefe con la Señal Real, que curiosamente está representada con más palos de los que toca, sin duda,  fruto de la ignorancia.


Al ser un escudo cívico utilizaron la forma cuadrada apoyada sobre uno de sus vértices, forma excluyente para la heráldica gentilicia.

La cruz de Alcoraz también fue adoptada por Cerdeña (CAT Sardenya), aunque los historiadores no saben a ciencia cierta el porqué ni cuando. Parece probado que adoptaron el escudo durante el siglo XV.

Folio 62R del armorial de Gelre. Aparece un estandarte con la Cruz de Alcoraz, y debajo Cerdeña. Imagen alojada en Wikimedia Commons.
La representación más antigua del escudo de Cerdeña con la cruz de Alcoraz es la del Armorial de Gelre, de finales del siglo XIV, anterior a la fecha más antigua encontrada del escudo, cosa que ha hecho pensar a varios historiadores que se trata de un error del compilador del Armorial de Gelre.

A continuación, os dejo la balada "El paladín de la cruz roja" de Victor Balaguer:
Apareced sobre los picos que corno un collar de almenas bordan los Pirineos, bardos! Dibujad en el horizonte el perfil de vuestro cuerpo envuelto en su talar ropage de anchos y clásicos pliegues, ceñid vuestras sienes con la rama del laurel sagrado, dejad que se desprenda hasta descansaren vuestros hombros la blanca cabellera, empuñad el arpa que canta á la alondra que saluda el dia, al ruiseñor que modula á la noche un himno misterioso, á la bella pensativa que sueña en sus amores á las márgenes del baílente arroyo, al guerrero proscrito que ve brillar en el zenit una pálida estrella y piensa en su patria esclava!

Porque la patria es esclava, bardos! Pero no importa! Apareced, apareced en los picos de los Pirineos y preparad el arpa, el arpa de los amores y de las hazañas. Hoy es un gran dia, bardos!

Hoy es un gran dia. Pronto vereis una línea de rojo fuego como el que indica la cercania de una inmensa fragua aparecer en el horizonte. Es el sol que rasgará todas esas montañas de niebla que ondulan misteriosas á vuestros piés posadas sobre el valle, como un velo de gasa para proteger el nocturno himeneo de las flores. Cuando el velo se rasgue, se os aparecerá el valle como un boton de rosa que se abre para lanzar al aire sus aromas; los grupos de nieblas irán á coronar los mas próximos picachos; los enjambres de abejas volarán á sorber y libar las trémulas gotas de rocío olvidadas en los pétalos de las flores; el sol sacudirá su cabellera y ahogará la tierra con la lluvia de su polvo de oro. Mirad entonces, bardos!

Mirad entonces, bardos! Mirad y estremeceos. El guantelete de hierro ha herido el broquel, y el broquel ha contestado con un gemido lúgubre. Su férrea voz ha ido retumbando sonora como el trueno que rueda por los espacios, despertando á su paso todos los ecos perezosos del valle, todos los ecos dormidos de la montaña. La patria ha llamado á sus hijos. Todos han abandonado sus moradas y corren á alinearse en falanges en la llanura. Para velar por sus hogares han dejado sus madres y sus novias, que la victoria es la primera madre del soldado, la espada la primera novia del guerrero. Buenos amantes son, son buenos hijos!

Buenos amantes son, son buenos hijos! Ya está dicho. Miradlos sino, oidlos sino. Han jurado ante todos los que viven, han jurado ante todos los que duermen en la tumba, no soltar las espadas que sus manos elevan al cielo, mientras estas mismas manos no caigan corladas por el alfanje sarraceno. Salud, nobles de Aragon, los bardos os saludan!

Os saludan y os cantan. Llanura de Alcoraz, tú te has estremecido al paso de los guerreros, tú Jes has sostenido durante el combate, los frutos de tu tierra han sido fecundados con sangre mezclada de moros y cristianos. Llanura de Alcoraz, tú has visto morir á cien guerreros tú has visto nacer á cien familias. Sepulcro y cuna has sido á un tiempo, llanura de Alcoraz!

Sí, sepulcro y cuna has sido! Pues qué, ¿no murieron en tu jornada los valientes entre los valientes?... Pues qué, ¿no datan de tu dia las glorias de Aragon? ¿no se enorgullecen sus mas preclaras estirpes de haber brotado fecundadas con la sangre de Alcoraz?... Digna, heróica jornada!

Digna, heroica jornada! En el fondo de la montaña el torrente nace de una peña con un rujido, y se precipita, y salta, y rueda espumoso, y empieza su carrera salvaje. Así se lanza repentinamente el ejército moro por la puerta de Huesca á la llanura. ¿Quiénes son aquellos ginetes envueltos en sus blancos alquiceles que corren á su encuentro para unirse á ellos?... Son los moros que mandados por tres reyes acuden en ausilio de la sitiada Huesca. Y aquellos otros hombres que van mezclados con ellos y pertenecen sin embargo á distinta raza? Cristianos son que los apoyan, cristianos aliados que manda un conde de Castilla.

Un conde de Castilla! un conde de Castilla con los moros contra sus hermanos! Ay! si, lloradlo, bardos!... La llanura de Alcoraz se ha convertido en un revuelto mar de turbantes; dispersos por aquel mar se ven grupos de cristianos como puntos negros, como si fueran rocas resistiendo el embate de las olas, pero próximas á ser sepultadas por las aguas. Ay! muchos, muchos son los moros! y sin embargo, para todos es hombre D. Pedro.

Para todos es hombre D. Pedro el que ha jurado sobre el cuerpo sangriento de su padre D. Sancho, y ante el altar de Montearagon, hacer correr rios de sangre sarracena en venganza de la muerte que ha dado al rey mas noble la mas traidora saeta disparada de un adarve. Noble y valiente es D. Pedro.

Noble y valiente es, pero no lo son menos los que combaten á su lado dos contra ciento, uno contra veinte. Aquel que pelea en la vanguardia y se hace un muro con cadáveres de enemigos, es D. Alfonso, el hermano del rey, el que debe un día ocupar el trono. Aquel otro es Gaston de Biel, de quien descendieron los Corneles, el otro Barbatuerta que dio origen á los Corellas. Mas allá, aquellos dos combatientes que se divisan por su estrangera armadura y se hacen notar por su invencible espada, son dos hijos de un emperador de Alemania, atraidos entrambos por la piedad como peregrinos al sepulcro de Santiago y de allí como aventureros al cerco de Huesca. Llámanle al uno Conrado y al otro Maximiliano...

Maximiliano aquel del que ha de descenderla noble prosapia de los Jimenez de Urrea. Corto es el número de los hombres de D. Pedro. Es solo un puñado, pero un puñado de héroes. Alli Ferriz de Lizana, allí Briocalla, y Ladron, y García de Trujillo, y Lope, y Gomez de Luna, y Jimeno Aznares de Oteyza, y Sancho de la Peña, y otros, y otros, todos haciendo prodigios de valor, todos peleando como leones acorralados... Y aquellos?... Ay! mirad aquellos!... ¿Quiénes son aquellos?...

Aquellos son trescientos hombres cubiertos de salvajes pieles, armados de herradas mazas erizadas de puas que destrozan los cráneos sarracenos mal protegidos por los débiles turbantes, y que hienden las huestes como una muralla de bronce, gritando ó mejor rujiendo á todos los que caen á sus piés, triturados por sus horribles mazas: Huid, huid! somos los hijos de las montañas!

Los hijos de las montañas son en efecto. Trescientos montañeses al mando de Fortum de Lizana que redime á fuerza de hazañas la culpa que le valió un destierro en el anterior reinado y que desde la jornada de Alcoraz unirá á su nombre el de Maza de Lizana. Pero, silencio! silencio!... qué es eso?... Bardos, no veis?...

¿No veis á un caballero de refuljentes armas con cruz roja en el pecho y en el escudo, que de pronto ha aparecido entre los cristianos montado en un caballo como la nieve?... Quién es?... Todos le miran y nadie le conoce. Cómo ha llegado allí? de dónde viene? y aquel otro caballero que le sigue á pié con cruz roja tambien en el pecho y en el escudo?... Nadie le conoce tampoco. Los dos hacen prodijios, pero el ginete, el ginete sobre todo!

Si, el ginete sobre todo! Penetra y se desliza por entre los mas apiñados escuadrones como si fuera una sombra; todos los que toca con la espada á diestra y siniestra caen muertos á sus piés; su armadura repele todas las saetas, y todos los alfanjes que caen sobre su casco ó escudo se quiebran como cañas. Diríase que un poder misterioso le proteje.

Marca su paso con una hilera de muertos. Oh! cuántos muertos!

Cuántos muertos! Treinta mil entre todos duermen, para no mas despertar, en tu ensangrentada superficie, llanura de Alcoraz! Cuatro reyes yacen entre los cadáveres, cuatro reyes cuyas sangrientas cabezas han de ser el pendon que guie de hoy mas á la victoria á los valientes aragoneses. Cuántos muertos y cuánta sangre, bardos! D. Pedro es el vencedor. Viva D. Pedro!

Viva D. Pedro! Huesca es suya, la ha ganado con la sangre de sus valientes vertida á arroyos en la llanura de Alcoraz. Gritad, clarines y atabales: Gloria á D. Pedro! Cantad, campanas de Montearagon: Gloria á D. Pedro! Repetid todos los ecos de los valles y de las montañas: Gloria á Don Pedro! Va á empezar el repartimiento del botin, la distribucion de mercedes.

Va á empezar la distribucion de mercedes y todos los ricos hombres se presentan.- Y el caballero de la cruz roja? el que ha hecho prodijios en la batalla? el que ha matado él solo mas sarracenos que todos los ricos hombres juntos? Oh! dónde está ese guerrero misterioso, el que en todas partes ha sido visto con su caballo blanco y su cruz colorada? Buscadme al guerrero de la cruz, por vuestra vida que me lo busqueis, señores!... Y los nobles, obedeciendo solícitos el mandato de su rey le buscan, le buscan...

Le buscan y no le encuentran. Solo han hallado á su compañero el que iba á pié tras su caballo, quien, atónito, admirado, suspenso, vuelve á todas partes los ojos y pregunta por Antioquía, pregunta por los cruzados, pregunta por el campeon misterioso que aquella mañana misma, al ir á empezar en la Tierra Santa el asalto contra Antioquía, le invitó á montar en la grupa de su caballo para entrar en la batalla... Milagro! Milagro!

Milagro! milagro! Esta palabra es la que corre de boca en boca, es la que llega á oidos del rey. El caballero de la cruz roja era S. Jorge el mismo S. Jorge, que en un momento y por los aires habia trasladado á un cruzado catalan, á un Moncada, de los campos de la Tierra Santa á la llanura de Alcoraz, del cerco de Antioquía al de Huesca. El rey cae de rodillas con su ejército y dá gracias al campeon San Jorge.

Al campeon S. Jorge cuyo nombre fué desde entonces el grito de guerra dé los cristianos aragoneses, y cuya cruz colorada con las cuatro cabezas de jeques moros recogidos en el campo de batalla, sirvió de blason á la Monarquía hasta que lo trocó por las gules y vencedoras barras catalanas. Tal fué la jornada de Alcoraz.

Jornada de Alcoraz, hermosa epopeya de nuestra historia, cántente los bardos que se alzan envueltos en las nieblas sobre los picos de los altos Pirineos, lóente los peregrinos que, de rodillas sobre el pavimento de Jesus Nazareno, al alzar los ojos al cielo ven colgadas las banderas de los moros en las bóvedas de Montearagon, de Montearagon, metrópoli de las montañas, que guarda estas banderas como un recuerdo de gloria, como guarda la desposada la prenda de amor que le dejó al partir su ausente amante.
Entradas relacionadas
  1. La cruz de Tolosa.
  2. La cruz de Pisa.
  3. La cabeza de moro.
  4. Armorial de Gelre (I). 
Ir a...

3 comentarios:

  1. Hola Xavi !
    muy buen artículo, muy informativo, te felicito ...
    He aprendido cosas nuevas sobre la historia de Aragon!
    ¿ le permite poner un enlace a ella en mi blog sobre la Corse y la Cerdeña, por favor? sería un interesante complemento.
    amistades
    Herald Dick de Francia

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola "compañero de cruzadas",

      Muchísimas gracias por tus elogios, es todo un honor viniendo de quien vienen.

      Por favor, añade todos los enlaces apuntando a mis entradas que quieras.

      Un abrazo,

      Eliminar
    2. Por cierto, el sábado que viene publicaré una entrada sobre el folio del Armorial de Gelre que aparece en esta entrada, con los escudos de Córsega y Cerdeña.

      Eliminar

El comentario será bienvenido siempre y cuando respete las normas básicas de educación.